El tabaco, una mala compañía


El tabaquismo es una adicción a la nicotina del tabaco que se produce por el consumo de cigarrillos principalmente y de habanos, cigarros o pipas en menor proporción.

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¿Cuáles son las causas de su daño?
El humo de la combustión del tabaco está compuesto por aproximadamente 4.000 sustancias diferentes, 69 de ellas altamente tóxicas y cancerígenas. Algunas de ellas son la nicotina, el arsénico, el monóxido de carbono, el formaldehído, el metanol, el amonio, el cadmio, el butano y el cianuro de hidrógeno. Pero la nicotina, es la responsable de la dependencia física del fumador.
Al inhalarlo, la nicotina se absorbe muy rápidamente tanto en la mucosa de la boca como en los pulmones, distribuyéndose a través de la sangre por todo el organismo en muy breve tiempo. No hay otra droga que llegue con tanta rapidez al sistema nervioso, con el máximo efecto en el menor tiempo.
Sus consecuencias en la salud general
Es conocido el riesgo que el fumar ocasiona a la salud general: aumento de la presión arterial y colesterol, taquicardia, diabetes, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, cicatrización deficiente de heridas, envejecimiento prematuro de la piel del rostro, fracturas, osteoporosis, infertilidad.
Fuerte presencia en el desarrollo de cáncer en pulmón, laringe, cavidad bucal, vejiga, riñón dado que los agentes cancerígenos del tabaco actúan en las diferentes fases de la transformación de las células normales en cancerosas.
Problemas durante el embarazo, como bebés nacidos con bajo peso, parto prematuro, aborto espontáneo y labio leporino. En el posparto y durante la lactancia, la nicotina que se elimina fundamentalmente por la orina también lo hace a través de la leche materna, ocasionando problemas en la salud del recién nacido.
Las consecuencias no sólo afectan al fumador sino también a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, que se convierten en fumadores pasivos. Ellos también están expuestos a enfermedades cardíacas y respiratorias.
Dentro del ámbito familiar, particularmente los bebés y niños, presentan mayor riesgo al asma, infecciones de vías aéreas, síndrome de muerte súbita del lactante y caries dental en la dentición primaria.
Los daños en la cavidad bucal
Más allá de las manchas características y el mal aliento, que son visibles y comprometen la estética y la convivencia; hay otros menos conocidos que impactan en la salud bucal. Son de avance lento e invisibles y comprometen las estructuras dentarias, las encías, los tejidos blandos que soportan el diente, las mucosas y la función masticatoria.
Las más notorias son:
La alteración de la estética por la presencia de manchas en los dientes y restauraciones. La nicotina y alquitrán pigmentan la superficie de los dientes con una coloración entre amarillo, marrón y negro que suele ser difícil de remover en el fumador de muchos años porque penetra en el interior del diente hasta llegar a la dentina.
La modificación de la sonrisa, las encías se tornan más pálidas y pueden retraerse, dejando huecos entre los dientes y envejeciendo la expresión de la cara.
La variación de la saliva en cantidad y calidad, favorece el mal aliento o halitosis que se acentúa con la enfermedad periodontal y altera el sentido del gusto.
La nicotina favorece el desarrollo de la caries dental al beneficiar el crecimiento y multiplicación del principal microorganismo cariogénico, el Streptoccocus mutans, resultando en una mayor formación de biopelícula de placa bacteriana; que junto a la disminución del flujo salival, favorece el proceso de caries al perder la cavidad bucal sus propiedades de defensa y remineralización.
Hay otras amenazas no tan visibles y más silenciosas como son la gingivitis y la enfermedad periodontal que afectan encías y los tejidos que sostienen el diente a los maxilares. La presencia de nicotina en sangre, aporta menos sangre y oxígeno a todo el organismo y también a las encías y tejidos blandos que soportan y protegen al diente, disminuyendo los mecanismos de defensa frente a las bacterias presentes en esos sitios.
Esta asociación, presencia de niveles altos de bacterias patógenas en el periodonto y una disminución de las defensas de la encía frente al ataque de las mismas, hace que los fumadores tengan mayor susceptibilidad a desarrollarlas.
Y con una advertencia a tener en cuenta: una de las manifestaciones más clara de la enfermedad periodontal y que es el motivo de programar una consulta odontológica es el sangrado de las encías. En el fumador este signo no se expresa porque las encías se tornan fibrosas y no sangran a pesar de estar enfermas.
Los fumadores no sólo tienen tres veces más riesgo de desarrollar periodontitis y de que ésta progrese más rápidamente a formas severas, sino que en estas personas se suele retrasar mucho más el diagnóstico, modificando el curso y no respondiendo bien al tratamiento.
Cuando la enfermedad periodontal avanza, suelen aparecer otros síntomas tales como: retracción de las encías, movilidad de los dientes, separación de los dientes, aumento de la sensibilidad dentaria sobre todo al frío, dolor de encías, abscesos y flemones en las encías.
Otras lesiones no muy notorias

Son las lesiones de las mucosas como:

  • Estomatitis nicotínica del fumador, localizaciones blanquecinas en el paladar por la irritación del humo.
  • Candidiasis, lesiones aterciopeladas y blanquecinas en la mucosa bucal y lengua causada por un hongo llamado cándida.
  • Lengua vellosa, de aspecto velloso o peludo.
  • Leucoplasia, parches blanco o gris nacarado en lengua y parte interna de mejillas.
  • Cáncer bucal.

Cáncer bucal
El riesgo de padecer un cáncer de la cavidad bucal es 6 veces superior al de un no fumador. Presenta una mayor incidencia en lengua, labio, glándulas salivales, piso de boca. Se da en la población masculina con un patrón semejante en mujeres jóvenes menores de 40 años.
En cuanto a los implantes
Los fracasos de los implantes dentales es dos veces superior entre la población fumadora. Es la periimplantitis, infección alrededor del implante que impide la integración del implante al hueso alveolar y es debido al menor aporte del flujo de sangre y oxígeno que demora la cicatrización, y a mayor presencia de bacterias, independientemente de la buena higiene bucal del paciente.
Esta dificultad se repite frente a otros tratamientos periodontales y cirugías. El dejar de fumar reduce estos efectos adversos y estimula a dejar el hábito.
Recordemos
El fumar poco, fumar ocasionalmente o ser fumador pasivo tienen mayores probabilidades de desarrollar estas patologías que las no fumadoras.
No esperemos que sus consecuencias nos sorprendan para proponernos el cambio de esta costumbre que tanto daño ocasiona y dispongamos una buena actitud educativa hacia los adolescentes para informarlos y estimularlos a que no se inicien en este hábito.

El tabaquismo no sólo constituye un factor de riesgo para otras enfermedades, sino que es una enfermedad en sí misma.